La denominación de sexo seguro se aplica las relaciones sexuales con series de prácticas que tienen el propósito de reducir el riesgo de contraer alguna enfermedad de transmisión sexual, como el SIDA u otra. Esta definición también incluye el concepto de mantener relaciones sexuales sin poner en riesgo la salud de otros.
Como en cualquier actividad, no existe una garantía de tener una relación sexual sin riesgo alguno, o 100% segura; sin embargo, las circunstancias en las cuales son realizadas las relaciones sexuales pueden modificar sustancialmente, incrementando o decreciendo, el nivel de riesgo al contagio de ETS al cual se enfrentan las personas.
Las ETS principalmente se transmiten por el intercambio de fluidos durante el acto sexual, pues éstas son provocadas por microbios (bacterias, hongos y protozoarios) y virus, los cuales necesitan de estos medios, cada cual de un modo específico, para infectar un nuevo hospedero; por tanto, es importante tener en cuenta las regiones (y fluidos) del cuerpo que entrarán en contacto para la evaluación del riesgo de contagio. Típicamente, son las mucosas, el semen y la sangre donde se encuentra la mayor concentración de factores de contagio.
La piel es una excelente barrera para una gran cantidad de infecciones no sólo sexuales sino de una sintomatología mucho más diversa. Sin embargo, algunos ectoparásitos como la ladilla (Phthirus pubis) pueden infectar otro cuerpo por el contacto de la región infectada, en este caso, el pubis.
Las demás regiones de contacto con el exterior, tapizadas por mucosa (como la boca, el ano y la vagina en la mujer), presentan menor protección frente a infecciones venéreas, según sus características histológicas, fisiológicas y ecológicas. De las mencionadas en este párrafo, sólo la vagina está preparada histológicamente para resistir la fricción del coito, mientras que en los demás casos ésta puede provocar la formación de micro-heridas, por tanto imperceptibles, que pongan en contacto la sangre con los fluidos corporales del compañero. Por otro lado, la flora bacterina del ano es más propicia para las infecciones por constituir la zona de evacuación de las heces.
Todos estos factores a su vez se articulan con otro tan importante como éstos al menos en el caso de las mujeres: la edad biológica. se ha detectado que las adolescentes y las jóvenes (mujeres que han desarrollado caracteres sexuales secundarios recientemente o se encuentran entre los 12 y 21 años) son mucho más vulnerables a infecciones como el virus del papiloma humano.
Por otro lado, algunas costumbres o las de las personas con las cuales un individuo se relaciona pueden incrementar las posibilidades de contagio para el mismo, por lo que es posible establecer estadísticamente los llamados poblaciones de riesgo.
En otras palabras, mientras una persona cometa actos con mayor riesgo de contagio y a mayor frecuencia no solo eleva sus probabilidades de quedar infectado sino que también eleva las de las personas con las cuales se relaciona en una situación de riesgo.
Por lo tanto, las consideraciones en cuanto a profilaxis en las relaciones sexuales no deben quedar limitadas al plano físico sino además deben tenerse en cuenta el conductual: con quién(es) se intima, con qué frecuencia, con que alternancia, etcétera.
El empleo de medios físicos adecuados (llamados de barrera) pueden reducir sensiblemente, según la patología propia del organismo en cuestión, la probabilidad de contagio. Sin embargo, a la actualidad ninguno de estos métodos han logrado evitar completamente el contagio de todas las enfermedades de transmisión sexual, es decir, su empleo no garantiza por completo el no quedar contagiado.
La masturbación en pareja es una práctica completamente segura siempre y cuando no se ponga en contacto el semen con los fluidos corporales de la pareja, sangre ni fluidos vaginales.
Los siguientes factores sociales son efectivos en ayudar a prevenir las enfermedades de transmisión sexual (ETS):
Lo más importante es evitar el contacto con la sangre, el flujo vaginal, y el semen. Hay muchas prácticas sexuales seguras, tales como: abrazarse, darse masajes, acostarse uno encima del otro, frotar los cuerpos el uno contra el otro sin penetración -práctica llamada frot o tribadismo- o usar un juguete sexual en pareja. Masturbarse el uno al otro, (excitar sexualmente a la pareja manipulando sus genitales) también es generalmente una práctica sexual muy segura.